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Las capitales de provincia, Las Palmas de Gran Canaria y Santa Cruz de Tenerife, fueron pioneras. Ellas albergaron al inicio de las construcciones hoteleras debido a su cercanía con los puertos, que eran el único punto de conexión con el mundo exterior. Los precursores, la colonia inglesa y las empresas navieras. De esta forma, Canarias comenzaba el siglo XX con varias decenas de hoteles ya reconocidos a nivel europeo por su calidad, un distintivo que ha acompañado siempre a la oferta del Archipiélago.
Después del parón registrado como consecuencia de la Primera Guerra Mundial, volvieron a retomarse acciones encaminadas a desarrollar el sector turístico en los años veinte. Pero habrá que esperar hasta finales de la década de los cincuenta para conocer lo que es el verdadero desarrollo con el turismo organizado de masas, gracias a las compañías chárter y la consolidación de las agencias de viaje.
Mientras esto ocurría y crecía la demanda, es necesario buscar otras zonas donde la temporada estacional se prolongase todo el año, lo que provoca el traslado de la actividad de las ciudades a áreas como Maspalomas, en Gran Canaria y Playa de las Américas, en Tenerife. Lo mismo ocurría con el resto del territorio canario, hasta adquirir el aspecto que ofrece hoy el Archipiélago: un inmenso parque natural con todo tipo de comodidades que no deja de sorprender al visitante por la riqueza de su paisaje y su eterno clima primaveral.
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