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Imagen de bañistas

Cien años de sol, de playas, de cultura y tradición. Así se resume el siglo XX en la vida de Canarias, que ha pasado de tener menos de cien turistas al año a finales del siglo XIX a casi once millones de visitantes en la entrada del nuevo milenio.

La base del desarrollo turístico canario se remonta al siglo XIX, cuando los europeos descubren el Archipiélago. En esta época se producen las primeras expediciones a Canarias, de las que quedan constancia en publicaciones a través, por ejemplo, de los elogios vertidos por el naturalista alemán Alejandro von Humboldt, tras contemplar la belleza del Valle de la Orotava en Tenerife.

Son los inicios del turismo como motor de la economía canaria; comienza a ser noticia en los medios de comunicación y se editan las primeras guías informativas del Archipiélago con la aparición de los primeros complejos turísticos.


Las capitales de provincia, Las Palmas de Gran Canaria y Santa Cruz de Tenerife, fueron pioneras. Ellas albergaron el inicio de las construcciones hoteleras debido a su cercanía con los puertos, que eran el único punto de conexión con el mundo exterior. Los precursores, la colonia inglesa y las empresas navieras. De esta forma, Canarias comenzaba el siglo XX con varias decenas de hoteles ya reconocidos a nivel europeo por su calidad, un distintivo que ha acompañado siempre a la oferta del Archipiélago.

Después del parón registrado como consecuencia de la Primera Guerra Mundial, volvieron a retomarse acciones encaminadas a desarrollar el sector turístico en los años veinte. Pero habrá que esperar hasta finales de la década de los cincuenta para conocer lo que es el verdadero desarrollo con el turismo organizado de masas, gracias a las compañías chárter y la consolidación de las agencias de viaje.

Mientras esto ocurría y crecía la demanda, es necesario buscar otras zonas donde la temporada estacional se prolongase todo el año, lo que provoca el traslado de la actividad de las ciudades a áreas como Maspalomas, en Gran Canaria y Playa de las Américas, en Tenerife. Lo mismo ocurría con el resto del territorio canario, hasta adquirir el aspecto que ofrece hoy el Archipiélago: un inmenso parque natural con todo tipo de comodidades que no deja de sorprender al visitante por la riqueza de su paisaje y su eterno clima primaveral.

Imagen de turistas

Agradecimiento especial a la Consejería de Turismo y Transportes del Gobierno de Canarias